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Además de su extraordinaria riqueza histórico-monumental, Montilla se caracteriza por su interesante patrimonio cultural y festivo, del que destacan la Feria Real en honor a San Francisco Solano, las fiestas de La Cruz o de San Sebastián, el Día de La Aurora o la Fiesta de la Vendimia Montilla-Moriles, declarada De Interés Turístico Nacional.
No obstante, si existe una fiesta que condense de una forma palpable siglos de tradición, de historia, de religiosidad popular y de cultura, esa es la Semana Santa, una celebración que traspasa su componente religioso para convertirse, además, en todo un acontecimiento cultural y social en el que participan, de una manera u otra, unas 10.000 personas a lo largo de todo el año.
Durante la Semana Santa, Montilla se transforma para rememorar la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesús de Nazaret con sus singulares desfiles procesionales, durante los cuales se reviven escenas y episodios de La Biblia, dando lugar a un espectáculo popular único.
El quehacer diario de las hermandades, la ingente cantidad de actos religiosos y culturales que promueven a lo largo de todo el año y el gran número de proyectos de carácter social que se acometen han erigido a la Semana Santa en el primer núcleo asociativo de la ciudad. Una efeméride que, además, permite reunirse a familias enteras. Porque la Semana Santa de Montilla no es sólo una sucesión de procesiones, sino un abanico de impresiones y experiencias intransferibles atadas a los repliegues de la memoria.
Hablar del origen de la Semana Santa de Montilla es hacerlo, inevitablemente, de la génesis de su hermandad primigenia: la Cofradía Penitencial de la Santa Vera Cruz, cuyas primeras referencias históricas datan de la primera mitad del siglo XVI. Posteriormente, surgen las hermandades de Nuestra Señora de La Soledad, en 1588, y de Nuestro Padre Jesús Nazareno, en 1590, cuyos titulares se han convertido, a lo largo de los siglos, en dos auténticos puntales de la religiosidad popular, despertando la devoción entre las generaciones montillanas.
Son muchas las particularidades propias de nuestra celebración: ricos actos religiosos en Cuaresma, actos culturales únicos en España –como la Sentencia Romana a Jesús–, pregones, recitales de saetas, muestras gastronómicas…
En Montilla, la Semana Santa comienza el Viernes de Dolores con la Ronda de Los Romanos y de la Agrupación Musical “La Unión”, que visitan todos los templos de la ciudad para ofrecer flores y marchas a las vírgenes titulares de las distintas cofradías. Al día siguiente, el Pabellón Municipal de Deportes acoge la Representación Dramática de La Pasión, un espectáculo inconmensurable en el que más de 400 personas ponen en escena, en 17 actos, la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
También destacan de la Semana Santa montillana la popular Borriquita, la Presentación al Pueblo del Santísimo Cristo de la Juventud, el tradicional Semidoble de Zacatecas –un toque de campana que sólo puede oírse en la noche del Martes Santo– o el recogimiento que se vive durante la procesión del Silencio, el Miércoles Santo. Un día más tarde, tiene lugar en la Plaza de La Rosa el Prendimiento a Jesús Preso, una singular muestra de la teatralidad barroca que impregnan muchas tradiciones andaluzas contemporáneas en la que destaca la figura bíblica de Judas.
También es tradicional la colocación de la imagen del Cristo de la Misericordia en su calvario en la madrugada del Viernes Santo aunque, sin lugar a dudas, nuestra Semana Santa alcanza su punto álgido con la bendición de Nuestro Padre Jesús Nazareno, una imagen que traspasa lo religioso conformándose en un icono de la idiosincrasia montillana. Justo antes de la última bendición, la Centuria Romana Munda escenifica La Lanzada a la imagen del Cristo de La Yedra en una procesión bulliciosa que refleja a la perfección la popularidad y la espontaneidad montillanas.
El Viernes Santo, al anochecer, tiene lugar la procesión del Santo Entierro y de la Virgen de La Soledad, coincidiendo en la calle con la Hermandad del Sagrado Descendimiento que, a lo largo de su cortejo, muestra la huella indeleble que el Maestro Ávila dejó en esta ciudad. Por último, el Domingo de Resurrección es ya tradicional el encuentro que protagonizan las Tres Marías con el Señor Resucitado en la calle Gran Capitán.
Al igual que ocurre en otras localidades vecinas, la Semana Santa de Montilla concluye con los desfiles procesionales infantiles que, afortunadamente, conforman ya una estampa típica y que, de alguna forma, vienen a garantizar el futuro de nuestras hermandades y cofradías.
Destacan los dulces como los pestiños, los borrachuelos, los gajorros, las flores, los roscos y las magdalenas, así como diversos guisos, empanadillas o alcachofas, sin olvidar el típico bacalao frito y la ensaladilla, que constituyen la base del almuerzo del Viernes Santo. Tampoco puede olvidarse el famoso cañadú que se vende en la calle Ancha y los exquisitos vinos y licores que han concedido a Montilla fama internacional.
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