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El Arco de San Lorenzo

Uno de los monumentos que mejor reflejan el esplendor que vivió Montilla durante el siglo XVI es, sin lugar a dudas, el arco de acceso al convento franciscano de San Lorenzo. En esta construcción renacentista podemos concretar los cambios que durante el Quinientos experimenta nuestra ciudad, dejando atrás los antiguos usos medievales y dando paso a la modernidad. Todo ello, de la mano de la que podemos considerar una de las más brillantes regidoras que ha gobernado Montilla a lo largo de su historia: Catalina Fernández de Córdoba, segunda marquesa de Priego, mecenas de las artes y mujer del Renacimiento.

Hasta hace pocos años, el único vestigio preclaro que perduraba del convento era el arco de la entrada, muestra del más puro arte renacentista en su vertiente plateresca que podíamos encontrar en toda la comarca sur cordobesa. Sin conocer hasta la fecha al arquitecto de este monumento –aunque diversos autores, sin documentación que lo justifiquen, lo atribuyen a Hernán Ruiz I–, podemos aseverar que el maestro que lo trazó disponía de un perfecto conocimiento del arte del Renacimiento y gozaba de una profunda sensibilidad humanística. Por ello, en el arco de San Lorenzo se concreta el sentido estético del plateresco en cuanto a su concepción arquitectónica y su calidad decorativa.

 

Vista actual del Arco de San Lorenzo

 

Las únicas referencias de las que disponemos para datar la construcción son orientativas pero determinantes para fijar una cronología más o menos acertada. De esta forma, conociendo que hacia 1530 es cuando se finaliza la construcción conventual, pensamos que el testimonio más significativo del cual disponemos para ofrecer una datación cercana del arco es el siguiente: partiendo de que en las capitulaciones matrimoniales de la segunda marquesa de Priego y el tercer conde de Feria se recoge que el blasón del matrimonio mostraría las armas de sendos nobles, apreciamos que en el escudo que centra la portada aparecen únicamente las armas de Catalina Fernández de Córdoba y Enríquez.

Por ello, colegimos que ello se debe a que cuando se erigió el arco ya había fallecido don Lorenzo, cuya defunción acaeció en 1528. Por lo tanto, estos referentes son determinantes para fechar el monumento en la década de los treinta. Además, para aventurarnos a dar esta aproximación cronológica hemos tenido en cuenta de una forma preeminente las características artísticas y formales que presenta la construcción.

La portada forma parte del cerramiento de mampostería que delimita el convento, empleándose para su construcción piedra calcarenita. El arco de San Lorenzo sigue en su disposición un esquema compositivo sumamente difundido a lo largo de todo el renacimiento español. De esta forma, la portada se alza sobre pedestales y consta de un arco de medio punto con arquivoltas molduradas que llegan a rozar el abocinamiento. La rosca central, y más ancha a su vez, refleja en su dovelaje los elementos de la Pasión. Por lo que se refiere a la clave, destaca en ella una ménsula de un marcado clasicismo. A ambos lados del arco, encuadrándolo, dos pilastras cajeadas –en las que se insertan sendos balaustres–, soportan el ático, centrado con el blasón de la segunda marquesa de Priego. En las enjutas del arco, dos figuras fantásticas se adaptan a la forma que delimita su espacio, quedando el resto con una rica decoración plateresca, a base de candelieri y grutescos, principalmente concentrada en las arquivoltas, las enjutas, el entablamento y los balaustres. En su conjunto, la calidad de la talla adquiere calidades de un virtuosismo plástico difícilmente superado en otros monumentos de semejante tendencia artística localizados en la provincia de Córdoba.

 

Detalle del Arco de San Lorenzo


Como se ha comentado, la decoración del arco se concentra en unos enclaves determinados, respondiendo en su totalidad a un programa claro y ordenado. Atendiendo a ello, en las arquivoltas están representados los símbolos de la Pasión, tema iconográfico muy frecuente en la simbología cristiana, identificando el dolor de Cristo a través de las herramientas y objetos que causaron su martirio.

Los atributos de la Pasión están dispuestos en sentido radial en el dovelaje a lo largo de los 180 grados de la rosca central del arco, quedando situados simétricamente y por duplicado teniendo como eje de simetría la ménsula de la clave. La prolongación de la rosca del arco estaba ocupada por los sillares de los pedestales del arco, que completan el repertorio iconográfico con la representación de dos tibias, el Santo Sepulcro y el cráneo de Adán, elementos que, junto con los atributos pasionistas, confieren al monumento una interpretación teológica que lo vinculan a un mensaje explícitamente redentor.

Siguiendo con la decoración de las enjutas, apreciamos que recreaban unos seres monstruosos o dragones que se adaptan perfectamente al carácter curvo-triangular de este espacio arquitectónico. Asimismo, podemos pensar que es en los balaustres que se insertan en las pilastras donde encontramos una mayor delicadeza decorativa, aplicándosele un procedimiento plástico eminentemente plano y minucioso, con un repertorio vegetal de raigambre italianizante.

Todo el conjunto queda coronado por un entablamento, de clara inspiración y carácter clasicistas, ocupado por el escudo de Catalina Fernández de Córdoba quien, a través de este elemento, deja constancia de su mecenazgo en el convento de San Lorenzo presentando, en la misma portada de acceso, la heráldica de su importante linaje.

 

Huerta de San Francisco

La decoración del entablamento mantiene el carácter simétrico y ordenado que se aprecia en todo el arco. De esta forma, teniendo como referente y eje de simetría el escudo, a un lado y otro se dispone un niño alado o putti –en posición tangente con respecto al motivo heráldico–, que se encarama en un roleo de sensibles tallos erizados que finalizan en un ser fantástico monstruoso. Flanqueando el ático, el motivo utilizado en este lugar es un candelieri –a modo de surtidor– con unas aves zancudas que se disponen a beber agua.

Un aspecto que consideramos que es de un gran interés en todo el conjunto iconográfico del arco es la cuidada coexistencia de elementos cristianos y paganos. Precisamente, podemos pasar de los elementos de la Pasión –de una raigambre iconográfica cristiana más que reconocida a lo largo de la historia del arte–, a los niños alados de inspiración clásica, junto con los monstruos de las enjutas. Igualmente, captamos en todo el monumento la presencia del pensamiento humanista mediante la evocación o rescate de lo arqueologizante, siendo más que evidente en todo el conjunto la presencia de modelos clásicos imperiales.

Para finalizar, y a modo de conclusión, hemos de apuntar que la importancia del arco de San Lorenzo, además de ser portada de un significativo convento franciscano –por su valor espiritual e histórico principalmente–, le viene dada por la calidad artística, iconográfica y decorativa que presenta el mismo. Conjuntamente, es referente preclaro del mecenazgo aristocrático que ejerció Catalina Fernández de Córdoba y, asimismo, por ser uno de los escasos ejemplos del arte plateresco en todo su esplendor y uno de los monumentos más depurados del renacimiento cordobés y español.

 

Elena Bellido Vela
Lincenciada en Historia del Arte